El medidor de energía eléctrica es un elemento fundamental de la instalación: es el equipo encargado de medir y registrar las variables eléctricas en el punto de conexión del suministro. Entre todas ellas, la más importante es la energía eléctrica consumida, que es registrada por todos los tipos de medidores.
En los suministros T1, que corresponden a viviendas y pequeños comercios, la energía activa, medida en kilowatt-hora (kWh), es la que se utiliza para la facturación. El medidor acumula la energía consumida a lo largo del tiempo y permite determinar el consumo registrado en cada período de facturación. Ese acumulado puede visualizarse a través del estado o lectura del medidor.
Analógicos y digitales: ¿qué diferencia hay?
Existen distintos tipos de medidores. Los electromecánicos o analógicos poseen un disco giratorio y un numerador mecánico, mientras que los electrónicos o digitales utilizan circuitos electrónicos y una pantalla que muestra distintas variables de forma cíclica.
También pueden clasificarse según el tipo de alimentación de la instalación. Los medidores monofásicos son habituales en viviendas pequeñas, mientras que los trifásicos se utilizan cuando la instalación requiere alimentación trifásica.
En los medidores analógicos el consumo se registra de manera acumulativa en un numerador mecánico. El usuario puede visualizar la lectura de energía activa (kWh), mientras que en los medidores digitales la pantalla electrónica puede mostrar distintos estados y variables eléctricas, siempre que estén programados para ser visualizados.
Esto significa que un medidor digital puede medir distintas variables eléctricas, aunque no necesariamente todas sean visibles en su pantalla: algunas pueden estar disponibles únicamente mediante un software específico.
¿Cómo se lee un medidor?
Para leer un medidor analógico hay que observar los dígitos que aparecen en el numerador y tomar únicamente los enteros. En Edesur, los medidores T1 monofásicos suelen mostrar cinco dígitos enteros y un decimal. Para la facturación se consideran únicamente los dígitos enteros.
En el caso de los medidores digitales T1, la pantalla cambia automáticamente entre distintos estados de lectura. Los dos primeros y más importantes son la energía activa, expresada en kWh, y la energía reactiva, expresada en kVArh.
La energía activa representa el consumo real que se factura en los suministros T1. La energía reactiva, en cambio, se utiliza para analizar el factor de potencia y no se factura en T1.
Algunos equipos pueden mostrar hasta cuatro estados o pantallas de manera cíclica.
En cuanto a las particularidades de lectura, los medidores monofásicos T1 habitualmente cuentan con cinco dígitos enteros y un decimal, mientras que los trifásicos T1 habitualmente presentan seis dígitos enteros, aunque pueden existir versiones con decimales. En todos los casos, para la facturación se registran únicamente los dígitos enteros.
Energía activa y energía reactiva: no son lo mismo
Además de la energía activa, los medidores pueden registrar energía reactiva. Se trata de la energía que algunos equipos eléctricos, como motores y transformadores, necesitan para funcionar, aunque no produce un trabajo útil directo.
Su control es importante porque niveles elevados de energía reactiva hacen que circule más corriente por las instalaciones y afectan el dimensionamiento de los conductores, tanto de la vivienda como de la distribuidora.
Una cantidad elevada de energía reactiva puede generar un mayor calentamiento de cables y equipos, reducir la eficiencia de la instalación y aumentar los riesgos de fallas eléctricas. Mantenerla en valores bajos contribuye a una instalación más segura, eficiente y confiable.
¿Qué es el factor de potencia?
El factor de potencia es un indicador de qué tan eficientemente una instalación utiliza la energía eléctrica. Surge de la relación entre la energía activa, que realiza trabajo útil y se mide en kWh, y la energía reactiva, que necesitan determinados equipos para funcionar, pero que no produce trabajo útil directo.
Cuando el factor de potencia es alto, la instalación utiliza la energía de manera más eficiente. Cuando es bajo, debe circular una mayor corriente para obtener la misma potencia útil.
Por eso, mantener un buen factor de potencia no solo está relacionado con la eficiencia, sino también con el funcionamiento de las instalaciones eléctricas.
¿Por qué es importante un buen factor de potencia?
Un factor de potencia bajo provoca una mayor circulación de corriente en conductores, transformadores y otros equipos eléctricos, tanto de la vivienda como de la distribuidora.
Esto puede generar un mayor calentamiento de las instalaciones, mayores pérdidas de energía, una reducción de la capacidad disponible de la red de la distribuidora y una menor vida útil de los equipos.
Mantener un buen factor de potencia contribuye, de esta manera, a una operación más segura, eficiente y confiable.
Además, el impacto alcanza al sistema eléctrico en general. Un exceso de energía reactiva demanda más recursos de la red eléctrica de la distribuidora y del generador y afecta la eficiencia del sistema.
¿Puede aplicarse un cargo por bajo factor de potencia?
El ENRE autoriza la aplicación de cargos adicionales cuando determinados usuarios presentan un factor de potencia inferior al valor mínimo establecido por la regulación.
Esto ocurre porque una instalación con exceso de energía reactiva demanda más recursos de la red eléctrica de la distribuidora y del generador y afecta la eficiencia del sistema eléctrico en general, lo que termina generando mayores costos de la energía.
A su vez, una mayor generación implica un mayor consumo de combustible para lograr el mismo trabajo útil, lo que también tiene un impacto sobre el medio ambiente y el consumo de recursos naturales.
Por esta razón, los usuarios que mantienen un factor de potencia bajo pueden recibir un cargo o multa por bajo factor de potencia.
¿Cómo se puede corregir el factor de potencia?
La corrección del factor de potencia debe ser determinada por un electricista profesional. Este profesional puede medir los parámetros de consumo de la vivienda y establecer qué corrección es necesaria para que la instalación se encuentre dentro de los parámetros definidos por el regulador.
En general, la solución puede requerir la instalación de capacitores, compensadores automáticos u otras alternativas, de acuerdo con la potencia y el comportamiento del consumo que se busca corregir.
Esta corrección permite reducir la energía reactiva y evitar los cargos por bajo factor de potencia.
Seguridad: el medidor no debe manipularse
Más allá de su función de registrar el consumo, el medidor forma parte de una instalación eléctrica que debe conservar sus condiciones de seguridad.
Por eso, no se deben manipular conductores ni bornes energizados. También es importante mantener las tapas y protecciones cerradas y no realizar conexiones precarias.
Ante daños en el medidor o en la acometida, se debe contactar a la distribuidora.
Exponerse al riesgo eléctrico sin el conocimiento adecuado o sin las medidas de seguridad correspondientes puede provocar quemaduras, lesiones graves o electrocución.
Manipular el medidor también implica un riesgo
La seguridad es también una de las razones por las que no se debe intervenir un medidor o una instalación eléctrica de manera irregular.
El fraude eléctrico puede generar riesgos para las personas y las instalaciones, ya que estas pierden las condiciones de seguridad con las que fueron diseñadas.
Además, puede constituir el delito penal de hurto. El artículo 162 del Código Penal establece una pena de prisión de un mes a dos años para quien se apodere ilegítimamente de una cosa mueble, total o parcialmente ajena.
Esto puede ocasionar incendios, choques eléctricos y daños a equipos y a la propiedad.
Conocer cómo funciona un medidor, qué información registra y cómo interpretar sus lecturas permite comprender mejor el consumo eléctrico. Pero, ante cualquier intervención sobre la instalación, la premisa debe ser siempre la misma: la seguridad de las personas y de las instalaciones es lo primero.